Existen términos propios de cada época dentro de cada campo del conocimiento. En el caso de la Ciencia Política podríamos decir que uno de los términos que está de moda sería el de la puerta giratoria (revolving door), acuñado por primera vez en el Reino Unido. Sin querer entrar a una definición científica del término, la sociedad española ya ha interiorizado el concepto, y los españoles tienen claro que la puerta giratoria es el fenómeno por el que los políticos prolongan su vida en el sistema pasando de la gestión política directamente a una empresa que les garantiza un buen puesto exclusivamente debido al juego de poder establecido; un regalo o privilegio que el sistema otorga en agradecimiento a los servidores del sistema. La puerta giratoria es, bajo estos términos, una herramienta del sistema.
Pero este fenómeno, focalizado normalmente en la alta política, en los altos cargos de la Administración pública que derivan automáticamente en altos cargos de consejos de administración de empresas estratégicas (banca, energéticas, etc..) resulta mucho más común en otros ámbitos inferiores como la política local. Se trata del mismo fenómeno; el de personas que desde su actividad política local, ya sea como alcalde, concejal de gobierno o incluso desde la oposición, utilizan sus vínculos con el cargo o con las estructuras de poder de partidos para garantizarse un futuro después de la política en empresas donde la porosidad del ámbito político permite mecanismos de colocación a modo de premio por servicios prestados durante la etapa de ejercicio de servicio público. A este fenómeno lo podríamos definir como la micro-puerta giratoria.
Existe una micro élite dentro del sistema político local que comparte intereses con determinadas empresas, normalmente relacionadas con la prestación de servicios y que en ocasiones suelen contar con cierta participación pública. Esta micro élite de políticos locales comparte vasos comunicantes y ha desarrollado un sistema en red que permite la confluencia de intereses. Así, resulta habitual observar como a lo largo de nuestra democracia, numerosos cargos municipales han encontrado cobijo en estas empresas después, o incluso durante el desempeño de su actividad política. Algunos incluso suelen venir directamente de ejercer su profesión en ellas; o aún más curioso: también se da el fenómeno de que los servicios prestados a organizaciones políticas vengan recompensados con empleos en estas empresas. Así, una conexión en red entre empresas públicas o semipúblicas y representantes políticos y sus organizaciones genera un sistema donde los unos y los otros se retroalimentan para garantizar su existencia.
El punto álgido de la relación de intereses se da por ejemplo cuando un municipio debe conceder un contrato (normalmente multimillonario) para la prestación de alguno de estos servicios. Entonces comienza el desenlace del idilio, y bajo un aura de transparencia se pueden poner en marcha mesas de contratación que dicen gozar de todas las garantías pero donde es fácil ajustar a golpe de informes técnicos y pliegos a medida el resultado final de la concesión millonaria. Una vez consumado el acto, sólo queda repartir beneficios y cumplir con los compromisos adquiridos por las partes.
De este modo no nos resultará tan extraño entender por qué vivimos rodeados de personas que curiosamente están vinculadas a ciertas organizaciones políticas y trabajan para estas empresas en un ejercicio de puesta en marcha del mecanismo de micro puerta giratoria perfecto y que tanto daña la calidad de nuestra democracia. ¿No podría limitarse el acceso a estas empresas a los cargos públicos? ¿Acaso no podría ponerse en marcha algún mecanismo que impida que se pueda saltar directamente de un espacio a otro o incluso la connivencia?
Existen no pocas soluciones a este problema. Para empezar, propondría una incompatibilidad para que ningún cargo público pueda trabajar en estas empresas hasta pasado un tiempo prudencial entre el fin del ejercicio del poder político y de paso comenzaría a denunciar este fenómeno con la misma fuerza que la sociedad española condena el asalto de la alta política a las grandes empresas.
Gonzalo Guillén
Publicado en Levante-EMV
http://www.levante-emv.com/opinion/2014/11/19/micro-puertas-giratorias/1189854.html
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