viernes, 13 de diciembre de 2019

La quiebra del último consenso

Colaboración de Gonzalo Guillén Tarín con el prefacio del libro del autor Ricard Camil Torres Fabra, publicado en diciembre de 2019 por la editorial Asociación Cultural Instituto Obrero.



Finalizando la segunda década del presente siglo algunas de los desafíos que se abrieron en Europa hace casi cuarenta años tras la caída del muro de Berlín siguen presentes.

El final del gran siglo, precipitado por el colapso de la URSS y la descomposición del campo socialista, trajo consigo un cambio drástico en la geopolítica mundial. La lectura de aquellos acontecimientos bajo un prisma de la victoria de un bloque económico sobre otro afianzaron las tesis del neoliberalismo que hablaban del "final de la Historia", la muerte de las ideologías y el triunfo de la democracia como sistema que reposa ineludiblemente sobre un contexto de libre mercado y democracia representativa bajo un sistema de partidos.

La transición hacia un nuevo orden mundial se ha demostrado traumático, y si bien el tiempo en el que el sistema bipolar se impuso no estuvo exento de conflictos y tensiones, si se enmarcó en una lógica de tensión/disensión que aportaba un cierto “equilibrio” al estatus quo mundial.

Este cambio traumático en la Historia tuvo repercusión en todos los territorios de influencia de ambos bloques y más allá de ellos, afectando también a aquellos países que se autodenominaron "No Alineados" y que pretendieron (bajo un un contexto de bloques) tejer sus propias alianzas para evitar así, entre otras cuestiones, que su soberanía se viese fuertemente condicionada por los efectos de las decisiones que ambos bloques fuesen tomando. 

Para Europa occidental, las consecuencias fueron directas y determinantes. El espacio tanto territorial como ideológico que ocupaba la Europa Occidental de la posguerra se construyó sobre las bases de una serie de consensos domésticos así como de alianzas internacionales que la situaron en un marco paradigmático propio dentro del mapa mundial. La reconstrucción europea de la mano del plan Marshall impulsado por los Estados Unidos se tradujo en estos pactos y alianzas internacionales que iban a configurar el nuevo orden mundial.

 La alianza internacional con el bloque occidental en materia de defensa se vio reflejado en la alianza atlántica y la instalación de bases militares de los Estados Unidos sobre territorio europeo. La alianza económica vino de la asunción de los acuerdos de Breton Woods y el reconocimiento mutuo de la economía de mercado bajo el patrón dólar. 

Mención a parte y determinante para entender los asuntos que nos conciernen en esta obra merece el análisis del acuerdo político interno. La reconstrucción material vino a su vez acompañada de un pacto interno entre las dos corrientes políticas imperantes de manera mayoritaria en los países: la democracia cristiana y la socialdemocracia

El pacto político nacía sobre los cimientos de un reconocimiento al pluralismo político de Europa mediante la asunción generalizada de un sistema político de democracia liberal representativa común a todos los países (mención a parte merece España) en la que se encontrasen reconocidos todos los actores políticos que eran reflejo de la Europa democrática; aquella que había sufrido y luchado contra el envite del totalitarismo fascista y nazi.  

Este consenso dio lugar al paradigma socialdemócrata europeo, donde bajo una aceptación de la economía de mercado, se apostaba a su vez por una serie de estados con una fuerte capacidad de intervención que diese como resultado el nacimiento del Estado Providencia o Estado del Bienestar Europeo. El paradigma socialdemócrata europeo se construye de manera diferenciada al paradigma liberal estadounidense y de los estados socialistas de la URSS intentando incorporar “lo mejor de ambos sistemas”: la libertad de mercado y la justicia social. El consenso socialdemócrata y democristiano también se asienta sobre una base que es común: el rechazo a las ideologías que habían provocado la segunda guerra mundial. Así el paradigma europeo construyó durante los años de desarrollo y expansión de los Estados del Bienestar unas democracias donde se alternaban en el gobierno los unos y los otros siempre bajo un marco de respeto al juego de equilibrios entre libre mercado y prestaciones de servicios públicos, y donde las corrientes políticas que pudiesen encarnar el espíritu del totalitarismo nazi o fascista quedaban al margen, fruto del mismo consenso. Mención a parte merece el papel jugado por los partidos comunistas durante los años de desarrollo y expansión del Estado de Bienestar, y cómo fueron adaptando su programa y discurso a fórmulas como el euro-comunismo que les alejaba de las vías revolucionarias y de mayor afinidad con el bloque soviético, así como de las alianzas que en ocasiones se dieron entre socialdemócratas y democristianos ante el ascenso electoral de los partidos comunistas  para tratar de evitar su acceso al gobierno, donde el caso italiano es el más característico; siendo la segunda fuerza más votada, permaneció en la oposición. El partido comunista italiano, fiel a los postulados soviéticos hasta bien entrados los años setenta, le fueron cerradas las puertas de acceso al poder fruto del  “consenso” que caracterizaba el paradigma socialdemócrata. 

Este paradigma entra en crisis llegados los años ochenta. El ascenso al poder de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Tatcher en Reino Unido va a suponer una auténtica revolución neo-conservadora y ultra-liberal cuyo objetivo sería, entre tantos, acelerar la descomposición de la URSS y establecer un nuevo orden mundial donde el mercado regulase la economía y donde el Estado se viese reducido a su mínima expresión. Los efectos que tuvo sobre Europa Occidental fueron evidentes. En menos de diez años la URSS se disolvía y con ello se quebraba definitivamente el consenso que había dado como fruto el paradigma socialdemócrata europeo. La práctica de las políticas neoliberales comportaban un desmantelamiento sistemático del Estado de Bienestar y con ello la quiebra de uno de los pilares que le otorgaban a Europa un relato y una posición en el mundo. 

Los partidos conservadores abandonaron con facilidad el consenso y asumieron como propias los postulados del neoliberalismo. Para los partidos socialdemócratas supuso un verdadero trauma del que aún hoy se arrastran las consecuencias. El sustrato donde se asentaba su  discurso y su acción política se disolvía con la pérdida de un consenso que garantizaba la estabilidad en un marco de equilibrio entre estado y mercado, entre Igualdad y Libertad. La desregularización del mercado, la legislación en favor del adelgazamiento del Estado y las fórmulas fiscales regresivas se iban a imponer al relato. Todos los consensos en materia política que se habían forjado en Europa occidental tras la segunda guerra mundial se fueron quebrando en cuestión de una década, y llegamos al nuevo siglo con una Europa globalizada económicamente y con un Estado de Bienestar en crisis, donde los propios partidos socialdemócratas asumieron parte del discurso empujados en ocasiones por una realidad adversa a sus propios principios políticos. 

Pese a todo quedó un último consenso político que no se quebraría. El viejo pacto socialdemócrata para aislar a los totalitarismos de los gobiernos se mantendría hasta hoy. A lo largo de las últimas décadas y ante el nuevo orden mundial globalizado hemos visto nacer y crecer a nuevas fuerzas políticas.  El auge de partidos políticos y movimientos de corte ultra-nacionalistas, ultra-derechistas, ultra-conservadoras o directamente de corte fascista es una realidad que surge como consecuencia de algunos de los efectos que el nuevo paradigma neoliberal conlleva. Las crisis humanitarias provocadas por la pobreza y los conflictos armados de nuevo cuño en los países del sur, la pérdida de las identidades nacionales en el proceso de construcción europea y las crisis económicas que azotan a unos estados europeos con cada vez menos capacidad de respuesta han provocado el resurgir de un nacionalismo esencialista que hoy ya está presente en once países, bien con fuerzas de nuevo cuño o bien debido a una radicalización de la derecha tradicional. 

Estos partidos no son homogéneos en su corpus teórico o programático, aunque sí que comparten algunos rasgos propios de lo que fueron en su día los movimientos nazi y fascista: la exaltación del nacionalismo, el culto al líder, el culto a la acción por la acción, la xenofobia, la apelación a las tradiciones y el rechazo de cualquier expresión cultural o religiosa exterior. Son algunas de las características que estos partidos sí que comparten más allá que en el aspecto de la política económica sí que encontremos diferencias substanciales y encontramos que basculan desde el proteccionismo a ultranza del Frente Nacional Francés al ultra-liberalismo de VOX en España, por poner dos ejemplos nítidos.

Hasta aquí podríamos hablar de un fenómeno preocupante para la Europa del paradigma neoliberal. El fenómeno se ha convertido en alarmante y no por su acceso al poder por su propio pie, sino cuando definitivamente se quiebra el último consenso de la vieja Europa socialdemócrata. El último mito de la reconstrucción europea era el consenso en contra del totalitarismo por parte de las principales fuerzas hegemónicas del paradigma socialdemócrata. Este consenso se ha roto definitivamente cuando en algunos territorios, entre ellos nuestro país, se ha roto ese famoso cordón sanitario a la extrema derecha siendo decisivos para formar gobiernos conservadores, influir en los programas de gobierno o directamente para gobernar, como hasta hace pocos meses en Italia.


Así, la quiebra del último consenso podemos decir que da por finalizada una era en Europa y la apertura de otra donde se suman nuevos actores. Dentro de esos nuevos actores políticos están estos movimientos y partidos que se han nombrado. Son la herencia directa de aquellos partidos ultra-nacionalistas europeos de los años treinta que dieron lugar al nazismo y al fascismo. Hoy Europa se enfrenta de nuevo a ellos; hasta hace poco en los parlamentos y lamentablemente, ahora también, en los gobiernos.  

+info en: 

https://librotea.eldiario.es/libros/la-violencia-nazi-el-holocausto-y-los-neonazis

https://www.institutobrero.com/producciones/libros-y-publicaciones

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